Heidelberg: Día 2

Este segundo día en la ciudad alemana lo dedicamos a ver la ciudad de día, que ya habíamos visto lo principal de noche en nuestra visita de 'Heidelberg la nuit'.

Tras salir de nuestro agradable ibis, nos encaminamos hacia el centro. Y haciendo caso de unos consejillos que había visto en algún foro de esos que tanto me gusta mirar , nos fuimos a desayunar al Merlin . Un sitio de lo más agradable y con un camarero de lo más servicial.  Y es que la carta estaba enterita en alemán y como nosotros no estamos muy puestos en la lengua teutona, pues nos la tradujo enterita. Y os puedo asegurar que la selección no era pequeña precisamente.

Bueno, menos palabras y más imágenes, ¿no?. Pues aquí tenéis un documento gráfico del suculento desayuno que se puede encontrar en ese sitio...

 Pues nada, que fue una especie de brunch en toda regla...

Tras un buen rato en el lugr para conseguir terminar con todo lo que había, decidimos seguir con nuestra visita antes de que anocheciera :-)

Nuestro punto de interés principal eran el Castillo (Schloss) , el  Karl-Theodor-Brücke ( el puente de Carlos Teodoro, vaya) y el Camino de los Filósofos.

Nada más salir la meteorología empeoró bastante y se pusoa nevar con bastante intensidad. Perfecto para tener una estampa navideña total. Eso sí, nos hizo cambiar un poquito de planes.

De camino al Schloss pasamos por la bilbioteca de la Universidad. Impresionante edificio que te hace recordar lo que es una universidad hecha y derecha y con una larga tradición.


Pues nada, siguiendo un poco más y desafiando a las inclemencias meteorológicas con plantamos en el Schloss.  El castillo tiene mucho encanto con su estado medio ruinosos y las vistas son espectaculares.





Eso sí, que nadie se espere una fortaleza con estancias decoradas tipo castillos del Loira porque no es lo que se va a encontrar.

Como curiosidades, dentro del castillo está el museo farmacéutico alemán y el Grosses Fass. Pedazo barril que tienen ahí metido...

Con la entrada al castillo te incluyen el billete del funicular, para los que no queiran hacer un poco de ejercicio y quieran setirse como en pleno Tokio rodeado de cientos de japoneses ( me sorprendió la cantidad de nipones allí reunidos, la verdad).

Una vez de vuelta a la ciudad y visto que la climatología no acompañaba, nos dirigimos al puente de  Karl-Theodor y dejamos para mejor ocasión el senderismo.Vamos, que nos privamos de recorrer el sendero de los filósofos.

Antes de llegar al puente nos paramos en una placita muy chula  con su correspondiente mercado de Navidad  desde la cual se podía ver una bonita estampa del castillo .


Y nada, como todo está tan cerquita en esta cómoda ciudad, de ahí nos plantamos en un minuto en el puente: 


 En pocos minutos se nos hizo de noche, así que pensamos que iba siendo hora de tomar un refrigerio y algo en el mercadillo.Nos encontramos con una curiosa tienda de ositos de gominola con una decoración de lo más particular



Sí, sí, está hecho todo de osos. Curi-oso, ¿verdad?.


Y nada, después de degustar algunas especialidades locales nos fuimos hacia el hotel para culminar por todo lo alto desde el punto de vista gastronómico la jornada. Ni más ni menos que con un mega-snitzel en el restaurante Zapata. Al lado de la estación de tren y por lo tanto de nuestro hotel.
Como una imagen vale más que mil palabras, juzguen ustedes mismos...


 El mío comparado con el del primer plano casi era pequeño....

En fin, bonita manera de concluir nuestro periplo en esta ciudad, ya que al día siguiente tocaba madrugar para encaminarnos a ni más ni menos que 'la capital de Europa'.



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