El caso es que una vez cumplidas mis cuatro semanas laborales en Oriente, tocaba disfrutar un poquito en unas más que merecidas vacaciones.
La primera etapa del viaje fue Beijing. Sí, otra vez, pero es que los dos nuevos compañeros de viaje no habían pisado nunca suelo chino y claro, tampoco era cuestión de ir directamente al sur
( objetivo principal de este viaje) sino que tocaba realizar una paradita en la capi.
Aunque para un servidor era la enésima visita, el hecho de ir con otros 'desconocedores' del territorio hizo verlo todo quizás con otro punto de vista. A modo de introducción a la visita pekinesa y para que os situéis sobre lo visitado en la ciudad y alrededores cercanos , aquí os pongo esta imagen.


Llegamos a Beijing de noche, así que tuvimos tiempo de acomodarnos en el hotel y poco más. No me extenderé mucho en la descripicón del hotel. Sin más o diré que es el primero en el que he visto que laven las sábanas en lavadoras llenas de gatos. O eso o hacía la colada el mismísmo Freddy Krueger o Eduardo Manostijeras. Porque vamos, semejantes jirones no eran normales... Otro de los aspectos destacables del hotel eran los colchones. Que no eran ni de latex ni de muelles ni de lana. No, no. Eran de piedra. Madre mía qué duros. Pero en fin, pese a todo el hotel era correcto y a un precio muy bueno.
DÍA 1
El primer día en sí del desembarco lo dedicamos a visitar el templo de los Lamas (también llamado Yonghegong) y algunos edificios cercanos por la mañana. Ahí Xabi empezó a descubrir que lo que le había contado de aquellas tierras no era falso. El templo en sí está bastante bien. Hombre, para mi gusto no llega a la categoría de otros templos budistas como los de Chengde pero es una de las cosas más interesantes que se pueden ver en la ciudad. Entre tantas curiosidades de este templo, una es que tiene una estación de metro prácticamente adosada...Se llama igual que el templo, Yonghegong, así que no tiene pérdida .Curioso, ¿verdad?. Pues la verdad es que viene genial para acercarse allí sin tener que recurrir a los taxis, que son baratos pero siempre más caros que los tres yuanes del metro.
El que quiera ver más fotos (no mías) del templo , que pinche aquí .
De vuelta paramos en uno más del montón de nuevos e impresionantes edificios que se van construyendo en Beijing. Este en concreto se llama Poly Plaza y la fachada de cristal que cubre uno de sus tres lados es realmente impresionante. Más si cabe si resulta que están limpiando la fachada, como podéis ver aquí.
El resto del día lo dedicamos a 'callejear' un poco. Estuvimos en el Mercado de la Seda como una primera aproximación a ese pequeño templo del consumismo (ya véis, día de templos tocaba). Pero eso, una primera aproximación sin realizar compra alguna, cosa que creo yo tan solo puede conseguir un 0,01 % de los que visitan ese edificio.
A última hora queríamos acercarnos al Templo del Cielo, pero al ver que nos iban a cerrar la puerta en media hora decidimos desistir de la idea y a cambio degustar una riquísima comida en uno de esos retaurantillos tan baratos que abundan todavía en la ciudad. Se podría decir que era una especie de restaurante de barrio con esas entrañables estampas: Restaurante vacío, ya que era o bien tarde para comer o bien pronto para cenar. Bueno, vacío de clientes, porque el personal, unas 8 personas, sí que ocupaba el comedor. Cuatro cocineros jugando a cartas al lado de nuestra mesa y cuatro camareras viendo un culebrón en la tele. Si es que casi les hicimos una faena entrando... Bueno, y luego había una por allí que no se sabe muy bien qué hacía. Bueno sí, parece que buscaba algo en su cerebro ya que intentaba acceder a él por medio de su índice a través de sus fosas nasales. Pero la pobre por más que lo intentó creo que no encontró nada...
La comida en sí buenísima. Eso sí, una advertencia. Hay que tener muy claro que estás en otro país y que las costumbres locales no son como las propias. Así por ejemplo la liturgia de irse a lavar las manos al baño antes de comer no es muy recomendable en ciertos sitios. ¿El motivo? Pues que te puedes encontrar una estampa que te quite el apetito por la vía rápida: Típico agujero en el suelo con olor a bicho muerto, etcétera. Pero en fin, que si no visitas eso pues que la comida te sabe riquísima. Incluso al osado viajero del grupo que accedió al citado 'antro' le gustó lo que comimos.
DÍA 2
La mañana siguiente la dedicamos a explorar el Templo del Cielo visto el intento fallido del día anterior.
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Este es uno de los sitios más recomendables para ver a los pequineses en su salsa. Y es que en el citado parque se reunen cientos de ellos para realizar infinidad de actividades: Cantar ópera, canciones populares, bailar, hacer taichi o jugar al popular juego de la pelotita con plumas que se maneja con el pie. Vamos, todo un despliegue de habilidades de la población. Aquí os pongo un video donde podéis ver por ejemplo a la gente haciendo un extraño ejercicio espadas incluidas (eso sí, de mentira)
Pues sí, ahí donde los véis esto era un Sábado a eso de las 8h30 de la mañana. Vamos, clavadito a lo que te puedes encontrar a esa hora en un parque por aquí.
Pero bueno, no todo son ejercicios en este parque, sino que allí se encuentra uno de los monumentos más estéticos de la capital, sobre todo en un día tan radiante como el que nos salió.
Aquí lo podéis ver:
La tarde la dedicaron los 'nuevos' a visitar la ciudad prohibida. Yo como no estuve presente no puedo aportar mucha información, pero el caso es que les gustó.
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Y el Sábado lo terminamos cenando en un restaurante tibetano ya conocido por Sonia y por mí, el Makye Ama. La comida no está mal, pero lo mejor del lugar son las actuaciones. Que si grupillos de música, de bailarines, solistas... De lo más entretenido, la verdad.
DÍA 3
El día siguiente tocaba el Palacio de Verano, para mi gusto otro de los lugares que no hay que dejar de visitar. Está bastante lejillos del centro, a unos 20 kilómetros, así que para ahorrarnos un dinerillo en taxi decidimos ir en metro hasta la parada más cercana (Wudaokou) y de ahí en taxi. Eso sí, cometimos el pequeño error de ir por el camino más largo. Y bueno, si sólo hubiera sido por la casi una hora de viaje en metro pues no hubiera estado del todo mal. Pero si tenemos en cuenta que era Domingo y que los Domingos en Beijing la gente se lanza a la calle compulsivamente (hay que decir que todo el comercio abre ese día de la semana ) pues el viaje en vagones de metro atestados no fue tan placentero como nos hubiera gustado. Pero en fin, llegamos a nuestro destino afortunadamente.
Para visitar el Palacio de Verano hay que tomarse su tiempo, porque el complejo es bastante grande. Vamos, que te puedes pegar un día entero visitándolo con calma si quieres, ya que hay un montón de edificios y de caminitos para recorrer.
Una de las partes más bonitas para mi gusto es la que recrea Suzhou, la ciudad cercana a Shanghai. Tiene mucho encanto con sus puestecillos, el canal y las barcas que circulan por él.
Pero bueno, como os digo hay mucho que ver. Os pongo algunas fotos para que os hagáis una idea.
Para el que quiera más fotos y un mapa, aquí.
La vuelta la hicimos en taxi, ya que queríamos hacer una parada en el Estadio Olímpico y alrededores. El Estadio es un edificio impresionante, si bien en aquellos momentos estaba todavía rodeado de obras y por lo tanto no te podías acercar mucho. Pero bueno, echándole un poco de imaginación y de morro conseguimos verlo de bastante cerca. Y es que nos acercamos a un hotel que hay al lado. Y Sonia y yo que ya tenemos experiencia en estas lides, pensamos que subir a algún piso alto nos podría deparar unas interesante vistas del complejo. Así que ni cortos ni perezosos nos lanzamos a la recepción del hotel a ver qué se podía hacer. Pregunté si había algún bar en el último piso. Pero resultó que no.... Una pena... si no hubiera sido porque lo que sí que había era una especie de sala vip donde nos llevó un botones amablemente y desde donde se podía ver bastante bien el edificio desde lo alto. Si es que sigo pensando que en este país el ser extranjero al final te abre unas cuantas puertas para algunas cosas.
Aquí podéis ver el amasijo de hierros que es el estadio:
Y desde arriba, con el Water Cube (la piscina olímpica) a un lado y el mecionado hotel al otro:View Larger Map
Para rematar el estupendo día nos acercamos a cenar al Quanjude, uno de los sitios donde se puede degustar el auténtico pato a la pequinesa. El Quanjude es toda una institución en Beijing y no es del todo fácil encontrar sitio a pesar de las cinco plantas del restaurante y de la multitud de comedores. Pero el mero hecho de comer en este lugar es toda una experiencia que recomiendo.
DÍA 4
El último día en la capital china nos acercamos a uno de los sitios más famosos de la tierra: La Gran Muralla. Para los que no los sepáis, cerca de Beijing hay varios tramos de muralla que se pueden visitar con mayor o menor dificultad. Loas tres principales son Badaling, Mutianyu y Simatai.
Cada una tiene unas características específicas: Más o menos turística, más o menos restaurada, etc. Pero al final y esperando no encontrar demasiada gente decidimos ir a la de más fácil acceso y por lo tanto a la más turística: Badaling.
Para ir a Badaling existen varias opciones. Se puede ir en una excursión organizada por los hoteles, que la verdad es que te puede salir por un ojo de la cara. Otra opción era acudir con un autobús turístico oficial que te llevaba hasta la misma puerta no sin antes parar en alguna tienda de recuerdos, etcétera. Nosotros intentamos esta, recomendada por Frommers, pero nos llevamos la sorpresa de que el servicio extrañamente había sido suspendido en Octubre del año pasado... Así que hubo que optar por una de las dos opciones que nos quedaban. La primer era tomar otro autobús turístico que hacía más o menos el mismo servicio que el cancelado pero visitando además las tumbas Ming e incluyendo comida, etc. Íbamos a intentar probar con esta pero el hecho de que no saliera un nuevo bus hasta que se completaran las 50 plazas hizo que nos decantáramos por la última de las opciones y en mi opinión la mejor: Un autobús de línea.
El citado autobús es el 919 y se coge muy cerquita de la parada de metro de Desheng Men, justo en la Puerta del mismo nombre.
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Aquí hay que tener cuidado con el timador de turno. A nosotros nos intentaron meter en otro bus que no era ese y claro, nos pedía bastante más dinero del que según frommers había que pagar. Si es que hay gente que no deja escapar la mínima oportunidad para sacar tajada. El caso es que el pobre se quedó con las ganas, ya que nos montamos en el bus correcto. Un autobús bastante cómodo que por unos 15 yuanes te deja en la puerta de acceso a Badaling. Todo un chollo teniendo en cuenta lo que cuestan otros autobuses y los 70 kilómetros que hay de distancia hasta allí, distancia que este bus realiza en aproximadamente una hora.
Lo bueno que tiene además el utilizar este bus es que no estás tan atado en la visita, ya que puedes volver cuando quieras cogiendo nuevamente el 919.
Para visitar la muralla hay diferentes opciones: Subir en telecabina, subir en un extraño trineo que va por unos raíles o subir a patita. Nosotros y vistas las molestias que tenía Xabi en el pie nos decantamos por el telecabina. Lo más cómodo es subir en el mismo y después descender a pie admirando las vistas.Y es que las cuestecitas se las traen, como podéis ver aquí.
Pero como os digo el esfuerzo se ve recompensado con creces por vistas como esta:
Lo cierto es que la visita fue mejor de lo que me esperaba. Salvo el tramo final tampoco había demasiada gente (la verdad es que era lunes) y las vistas son muy chulas. Además la reconstrucción se ha hecho con bastante gusto y desde la parte reconstruida se puede ver muy bien la parte que no lo está. Vamos, que muy chulo todo.
Antes de volver comimos en un restaurante que había al lado de la parada de bus. Que dio la casualidad que era una sucursal de uno que exite en Tianjin. Y la verdad es que comimos genial y muy barato. Por si alguien va por allí, es este de la foto:
Esa es otra de las cosas que da gusto en China, que incluso en los sitios más turísticos puedes comer por muy poco precio. Y es que claro, la gran mayoría de los visitantes de la Gran Muralla son los propios chinos, así que tampoco pueden poner precios desorbitados para ellos.
La vuelta fue muy tranquila salvo el 'abordaje' del bus en la parada. Y es que como ya os he contado alguna vez lo de hacer cola en China no es que esté muy extendido. Pero en fin, que aunque un tanto apretujados conseguimos entrar en el bus.
Al llegar a Beijing tocaba armarse de paciencia para acudir al templo del consumismo que es el Mercado de la Seda . Así que nada, una vez tomado aire, allí que nos zambullimos listos para regatear hasta la extenuación. He de decir que en esto como en todo la experiencia es un grado. Y claro, un servidor, modestia aparte, está bastante alto en el ranking de los regateadores más ruines y ratas del mundo mundial... Pero oye, que sirve para que el bolsillo no se resienta demasiado al salir de allí. Eso sí, lo que se resiente y mucho es la santa paciencia de uno. Porque eso de que te agarren unas y otras (si es que uno se siente una especie de Geoge Clooney allí dentro) no hay manera de describirlo si no pasas por allí.También hay que acostumbrarse a que te digan que nada de lo que venden es falso (ejem) y a que todo absolutamente todo es 'handmade'. Es decir, hecho a mano.... También os pasarán mecheros por encima de bolsos de piel para demostraros que ciertamente lo son, etc. Vamos, todo un espectáculo.
Para finalizar nuestra última noche en Beijing nos acercamos a un sitio bastante peculiar: El Mercado Nocturno de comida de Dong Hua Men, al lado de la calle Wangfujing y muy cerca de la Ciudad Prohibida. Seguro que más de uno ha visto un powerpoint del lugar. Y es que tienen unos alimentos un tanto extraños, como estrellas de mar, caballitos de mar, gusanitos ( y no de los que comemos aquí precisamente) , serpientes, etc. Pero vaya, que eso, aunque sí que es verdad que lo comen en algunas partes de China, digamos que es más por llamar la atención del turista, porque el resto de cosas son más o menos normales y la verdad es que muy apetitosas.
Y nada, como al día siguiente tocaba madrugar bastante para ir hacia el sur, a Guilin, ahí terminó nuestro periplo por tierras pekinesas. Cuatro días de lo más intensos.














