domingo 4 de mayo de 2008

Semana Santa en China: Beijing

Dadas las buenas críticas que va recibiendo este blog, no me queda más remedio que continuar con la última etapa de mi último viaje a China. Además voy a intentar darle un toque diferente a estos capítulos.Y es que voy a intentar aprovechar mejor los medios que me proporciona la gran Google para que esto sea un poco menos chapa y más interactivo.
El caso es que una vez cumplidas mis cuatro semanas laborales en Oriente, tocaba disfrutar un poquito en unas más que merecidas vacaciones.
La primera etapa del viaje fue Beijing. Sí, otra vez, pero es que los dos nuevos compañeros de viaje no habían pisado nunca suelo chino y claro, tampoco era cuestión de ir directamente al sur
( objetivo principal de este viaje) sino que tocaba realizar una paradita en la capi.
Aunque para un servidor era la enésima visita, el hecho de ir con otros 'desconocedores' del territorio hizo verlo todo quizás con otro punto de vista. A modo de introducción a la visita pekinesa y para que os situéis sobre lo visitado en la ciudad y alrededores cercanos , aquí os pongo esta imagen.



Llegamos a Beijing de noche, así que tuvimos tiempo de acomodarnos en el hotel y poco más. No me extenderé mucho en la descripicón del hotel. Sin más o diré que es el primero en el que he visto que laven las sábanas en lavadoras llenas de gatos. O eso o hacía la colada el mismísmo Freddy Krueger o Eduardo Manostijeras. Porque vamos, semejantes jirones no eran normales... Otro de los aspectos destacables del hotel eran los colchones. Que no eran ni de latex ni de muelles ni de lana. No, no. Eran de piedra. Madre mía qué duros. Pero en fin, pese a todo el hotel era correcto y a un precio muy bueno.

DÍA 1

El primer día en sí del desembarco lo dedicamos a visitar el templo de los Lamas (también llamado Yonghegong) y algunos edificios cercanos por la mañana. Ahí Xabi empezó a descubrir que lo que le había contado de aquellas tierras no era falso. El templo en sí está bastante bien. Hombre, para mi gusto no llega a la categoría de otros templos budistas como los de Chengde pero es una de las cosas más interesantes que se pueden ver en la ciudad. Entre tantas curiosidades de este templo, una es que tiene una estación de metro prácticamente adosada...Se llama igual que el templo, Yonghegong, así que no tiene pérdida .Curioso, ¿verdad?. Pues la verdad es que viene genial para acercarse allí sin tener que recurrir a los taxis, que son baratos pero siempre más caros que los tres yuanes del metro.



El que quiera ver más fotos (no mías) del templo , que pinche aquí .
De vuelta paramos en uno más del montón de nuevos e impresionantes edificios que se van construyendo en Beijing. Este en concreto se llama Poly Plaza y la fachada de cristal que cubre uno de sus tres lados es realmente impresionante. Más si cabe si resulta que están limpiando la fachada, como podéis ver aquí.



El resto del día lo dedicamos a 'callejear' un poco. Estuvimos en el Mercado de la Seda como una primera aproximación a ese pequeño templo del consumismo (ya véis, día de templos tocaba). Pero eso, una primera aproximación sin realizar compra alguna, cosa que creo yo tan solo puede conseguir un 0,01 % de los que visitan ese edificio.
A última hora queríamos acercarnos al Templo del Cielo, pero al ver que nos iban a cerrar la puerta en media hora decidimos desistir de la idea y a cambio degustar una riquísima comida en uno de esos retaurantillos tan baratos que abundan todavía en la ciudad. Se podría decir que era una especie de restaurante de barrio con esas entrañables estampas: Restaurante vacío, ya que era o bien tarde para comer o bien pronto para cenar. Bueno, vacío de clientes, porque el personal, unas 8 personas, sí que ocupaba el comedor. Cuatro cocineros jugando a cartas al lado de nuestra mesa y cuatro camareras viendo un culebrón en la tele. Si es que casi les hicimos una faena entrando... Bueno, y luego había una por allí que no se sabe muy bien qué hacía. Bueno sí, parece que buscaba algo en su cerebro ya que intentaba acceder a él por medio de su índice a través de sus fosas nasales. Pero la pobre por más que lo intentó creo que no encontró nada...
La comida en sí buenísima. Eso sí, una advertencia. Hay que tener muy claro que estás en otro país y que las costumbres locales no son como las propias. Así por ejemplo la liturgia de irse a lavar las manos al baño antes de comer no es muy recomendable en ciertos sitios. ¿El motivo? Pues que te puedes encontrar una estampa que te quite el apetito por la vía rápida: Típico agujero en el suelo con olor a bicho muerto, etcétera. Pero en fin, que si no visitas eso pues que la comida te sabe riquísima. Incluso al osado viajero del grupo que accedió al citado 'antro' le gustó lo que comimos.

DÍA 2

La mañana siguiente la dedicamos a explorar el Templo del Cielo visto el intento fallido del día anterior.


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Este es uno de los sitios más recomendables para ver a los pequineses en su salsa. Y es que en el citado parque se reunen cientos de ellos para realizar infinidad de actividades: Cantar ópera, canciones populares, bailar, hacer taichi o jugar al popular juego de la pelotita con plumas que se maneja con el pie. Vamos, todo un despliegue de habilidades de la población. Aquí os pongo un video donde podéis ver por ejemplo a la gente haciendo un extraño ejercicio espadas incluidas (eso sí, de mentira)

video

Pues sí, ahí donde los véis esto era un Sábado a eso de las 8h30 de la mañana. Vamos, clavadito a lo que te puedes encontrar a esa hora en un parque por aquí.
Pero bueno, no todo son ejercicios en este parque, sino que allí se encuentra uno de los monumentos más estéticos de la capital, sobre todo en un día tan radiante como el que nos salió.
Aquí lo podéis ver:


La tarde la dedicaron los 'nuevos' a visitar la ciudad prohibida. Yo como no estuve presente no puedo aportar mucha información, pero el caso es que les gustó.


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Y el Sábado lo terminamos cenando en un restaurante tibetano ya conocido por Sonia y por mí, el Makye Ama. La comida no está mal, pero lo mejor del lugar son las actuaciones. Que si grupillos de música, de bailarines, solistas... De lo más entretenido, la verdad.






DÍA 3

El día siguiente tocaba el Palacio de Verano, para mi gusto otro de los lugares que no hay que dejar de visitar. Está bastante lejillos del centro, a unos 20 kilómetros, así que para ahorrarnos un dinerillo en taxi decidimos ir en metro hasta la parada más cercana (Wudaokou) y de ahí en taxi. Eso sí, cometimos el pequeño error de ir por el camino más largo. Y bueno, si sólo hubiera sido por la casi una hora de viaje en metro pues no hubiera estado del todo mal. Pero si tenemos en cuenta que era Domingo y que los Domingos en Beijing la gente se lanza a la calle compulsivamente (hay que decir que todo el comercio abre ese día de la semana ) pues el viaje en vagones de metro atestados no fue tan placentero como nos hubiera gustado. Pero en fin, llegamos a nuestro destino afortunadamente.
Para visitar el Palacio de Verano hay que tomarse su tiempo, porque el complejo es bastante grande. Vamos, que te puedes pegar un día entero visitándolo con calma si quieres, ya que hay un montón de edificios y de caminitos para recorrer.
Una de las partes más bonitas para mi gusto es la que recrea Suzhou, la ciudad cercana a Shanghai. Tiene mucho encanto con sus puestecillos, el canal y las barcas que circulan por él.



Pero bueno, como os digo hay mucho que ver. Os pongo algunas fotos para que os hagáis una idea.


Para el que quiera más fotos y un mapa, aquí.

La vuelta la hicimos en taxi, ya que queríamos hacer una parada en el Estadio Olímpico y alrededores. El Estadio es un edificio impresionante, si bien en aquellos momentos estaba todavía rodeado de obras y por lo tanto no te podías acercar mucho. Pero bueno, echándole un poco de imaginación y de morro conseguimos verlo de bastante cerca. Y es que nos acercamos a un hotel que hay al lado. Y Sonia y yo que ya tenemos experiencia en estas lides, pensamos que subir a algún piso alto nos podría deparar unas interesante vistas del complejo. Así que ni cortos ni perezosos nos lanzamos a la recepción del hotel a ver qué se podía hacer. Pregunté si había algún bar en el último piso. Pero resultó que no.... Una pena... si no hubiera sido porque lo que sí que había era una especie de sala vip donde nos llevó un botones amablemente y desde donde se podía ver bastante bien el edificio desde lo alto. Si es que sigo pensando que en este país el ser extranjero al final te abre unas cuantas puertas para algunas cosas.
Aquí podéis ver el amasijo de hierros que es el estadio:

Y desde arriba, con el Water Cube (la piscina olímpica) a un lado y el mecionado hotel al otro:


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Para rematar el estupendo día nos acercamos a cenar al Quanjude, uno de los sitios donde se puede degustar el auténtico pato a la pequinesa. El Quanjude es toda una institución en Beijing y no es del todo fácil encontrar sitio a pesar de las cinco plantas del restaurante y de la multitud de comedores. Pero el mero hecho de comer en este lugar es toda una experiencia que recomiendo.


DÍA 4

El último día en la capital china nos acercamos a uno de los sitios más famosos de la tierra: La Gran Muralla. Para los que no los sepáis, cerca de Beijing hay varios tramos de muralla que se pueden visitar con mayor o menor dificultad. Loas tres principales son Badaling, Mutianyu y Simatai.

Cada una tiene unas características específicas: Más o menos turística, más o menos restaurada, etc. Pero al final y esperando no encontrar demasiada gente decidimos ir a la de más fácil acceso y por lo tanto a la más turística: Badaling.
Para ir a Badaling existen varias opciones. Se puede ir en una excursión organizada por los hoteles, que la verdad es que te puede salir por un ojo de la cara. Otra opción era acudir con un autobús turístico oficial que te llevaba hasta la misma puerta no sin antes parar en alguna tienda de recuerdos, etcétera. Nosotros intentamos esta, recomendada por Frommers, pero nos llevamos la sorpresa de que el servicio extrañamente había sido suspendido en Octubre del año pasado... Así que hubo que optar por una de las dos opciones que nos quedaban. La primer era tomar otro autobús turístico que hacía más o menos el mismo servicio que el cancelado pero visitando además las tumbas Ming e incluyendo comida, etc. Íbamos a intentar probar con esta pero el hecho de que no saliera un nuevo bus hasta que se completaran las 50 plazas hizo que nos decantáramos por la última de las opciones y en mi opinión la mejor: Un autobús de línea.
El citado autobús es el 919 y se coge muy cerquita de la parada de metro de Desheng Men, justo en la Puerta del mismo nombre.


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Aquí hay que tener cuidado con el timador de turno. A nosotros nos intentaron meter en otro bus que no era ese y claro, nos pedía bastante más dinero del que según frommers había que pagar. Si es que hay gente que no deja escapar la mínima oportunidad para sacar tajada. El caso es que el pobre se quedó con las ganas, ya que nos montamos en el bus correcto. Un autobús bastante cómodo que por unos 15 yuanes te deja en la puerta de acceso a Badaling. Todo un chollo teniendo en cuenta lo que cuestan otros autobuses y los 70 kilómetros que hay de distancia hasta allí, distancia que este bus realiza en aproximadamente una hora.
Lo bueno que tiene además el utilizar este bus es que no estás tan atado en la visita, ya que puedes volver cuando quieras cogiendo nuevamente el 919.

Para visitar la muralla hay diferentes opciones: Subir en telecabina, subir en un extraño trineo que va por unos raíles o subir a patita. Nosotros y vistas las molestias que tenía Xabi en el pie nos decantamos por el telecabina. Lo más cómodo es subir en el mismo y después descender a pie admirando las vistas.Y es que las cuestecitas se las traen, como podéis ver aquí.



Pero como os digo el esfuerzo se ve recompensado con creces por vistas como esta:


Lo cierto es que la visita fue mejor de lo que me esperaba. Salvo el tramo final tampoco había demasiada gente (la verdad es que era lunes) y las vistas son muy chulas. Además la reconstrucción se ha hecho con bastante gusto y desde la parte reconstruida se puede ver muy bien la parte que no lo está. Vamos, que muy chulo todo.
Antes de volver comimos en un restaurante que había al lado de la parada de bus. Que dio la casualidad que era una sucursal de uno que exite en Tianjin. Y la verdad es que comimos genial y muy barato. Por si alguien va por allí, es este de la foto:


Esa es otra de las cosas que da gusto en China, que incluso en los sitios más turísticos puedes comer por muy poco precio. Y es que claro, la gran mayoría de los visitantes de la Gran Muralla son los propios chinos, así que tampoco pueden poner precios desorbitados para ellos.

La vuelta fue muy tranquila salvo el 'abordaje' del bus en la parada. Y es que como ya os he contado alguna vez lo de hacer cola en China no es que esté muy extendido. Pero en fin, que aunque un tanto apretujados conseguimos entrar en el bus.

Al llegar a Beijing tocaba armarse de paciencia para acudir al templo del consumismo que es el
Mercado de la Seda . Así que nada, una vez tomado aire, allí que nos zambullimos listos para regatear hasta la extenuación. He de decir que en esto como en todo la experiencia es un grado. Y claro, un servidor, modestia aparte, está bastante alto en el ranking de los regateadores más ruines y ratas del mundo mundial... Pero oye, que sirve para que el bolsillo no se resienta demasiado al salir de allí. Eso sí, lo que se resiente y mucho es la santa paciencia de uno. Porque eso de que te agarren unas y otras (si es que uno se siente una especie de Geoge Clooney allí dentro) no hay manera de describirlo si no pasas por allí.También hay que acostumbrarse a que te digan que nada de lo que venden es falso (ejem) y a que todo absolutamente todo es 'handmade'. Es decir, hecho a mano.... También os pasarán mecheros por encima de bolsos de piel para demostraros que ciertamente lo son, etc. Vamos, todo un espectáculo.

Para finalizar nuestra última noche en Beijing nos acercamos a un sitio bastante peculiar: El Mercado Nocturno de comida de Dong Hua Men, al lado de la calle Wangfujing y muy cerca de la Ciudad Prohibida. Seguro que más de uno ha visto un powerpoint del lugar. Y es que tienen unos alimentos un tanto extraños, como estrellas de mar, caballitos de mar, gusanitos ( y no de los que comemos aquí precisamente) , serpientes, etc. Pero vaya, que eso, aunque sí que es verdad que lo comen en algunas partes de China, digamos que es más por llamar la atención del turista, porque el resto de cosas son más o menos normales y la verdad es que muy apetitosas.




Y nada, como al día siguiente tocaba madrugar bastante para ir hacia el sur, a Guilin, ahí terminó nuestro periplo por tierras pekinesas. Cuatro días de lo más intensos.

sábado 19 de abril de 2008

Proseguimos el relato: Pingyao

Lo se. Un poco tarde. Pero como dice el refrán, más vale tarde que nunca, así que intentaré proseguir el relato de mi sexto viaje a China donde lo dejé. A ver si me acuerdo…..Sí, de lo último que hablaba era de la China moderna, antes de mi viaje a Pingyao.

Pues Pingyao refleja más o menos lo que hace un tiempo debieron ser gran parte de las ciudades chinas pero que hoy en día ya no son. Un conjunto de casitas bajas con tejados a dos aguas , una ciudad amurallada, palacios, templos…Un sitio muy recomendable para el que quiera descubrir la China auténtica. Bueno, por algo es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como reza este cartel. Por cierto, que si queréis ver las fotos en grande lo podéis hacer pinchando en las mismas, ¿eh?.

Lo cierto es que nos habían hablado muy bien del sitio así que decidimos dedicar Sonia, Nuria y yo nuestro tercer fin de semana allí a explorar esa pequeña ciudad.

El primer problema que nos surgió al empezar a planificar el viaje fue el de rigor: La distancia. Y es que en ese país hay cosas que están muy cerca de Tianjin. Pero claro, son las menos. Lo cual quiere decir que la gran mayoría de los sitios interesantes están a tomar por saco. Pingyao en concreto a unos 900 kilómetros . Se nos presentaban dos opciones para ir: Tren y avión. Y vistos los pros y los contras nos decantamos por el avión. Básicamente porque las 14 horas de tren echan para atrás al más pintado (sacad vosotros mismos la media de velocidad del trenecito…) y porque, aunque un poco justito, los horarios del avión no eran del todo malos al salir a primera hora del Sábado de Tianjin y tener que volver a media tarde del Domingo. Así que nada, visité por segunda vez el ya vetusto y feo aeropuerto de Tianjin. Eso sí, el nuevo lo tienen ya casi terminado, que falta les hacía. El trayecto en taxi al aeropuerto fue de lo más entretenido. Y es que nos llevó una taxista que nos puso un CD de clases de inglés para taxistas. Lo cual es de agradecer. Porque aprenden frases tan imprescindibles como: ‘Sorry, I have no change’, ‘Where are you from’ etc. Una lástima que poco antes de llegar se le atascara el CD y nos tuviera que poner la radio con una de esas ‘radionovelas’ que tanto gustan por allí donde los personajillos se parecen a Chiquito de la Calzada por la entonación que ponen a sus palabras. Qué pena no entender nada….

El avión nos tenía que llevar hasta Taiyuan, una de esas ciudades que aquí no nos suenan de nada pero que luego descubres que tiene más habitantes que cualquier ciudad de por aquí. 6 millones en este caso… Pues nada, allá que fuimos. El avión era tan chiquitillo que parecía que íbamos en jet privado. Además con una decoración de lo más original. Aquí lo tenéis:

Pero después el viaje muy cómodo y tranquilo. Qué buenos los guisantes fritos que nos dieron, por cierto…

La primera aventurilla tras aterrizar fue buscar un taxi para ir hasta Pingyao, que está a casi 100 kilómetros del aeropuerto de Taiyuan. Os podéis imaginar la situación. Nosotros tres allí y decenas de taxistas que se empiezan a acercar y a rodearnos cual buitres ante la presa moribunda… Es que era surrealista. Bueno, para surrealistas algunos de los taxistas. Qué pintas… Algunos tenían una piñata que es que ni en la peor de vuestras pesadillas la veréis… Para que os hagáis una idea, como ‘el cuñao’ pero en versión asiática. Pero en fin, como afortunadamente no conducen con los piños (de momento no he visto a ninguno que lo haga, pero todo es posible, cierto es) intentamos vendernos al mejor postor rateando el precio todo lo posible. Eso sí, con la ayuda de un policía que había por allí que hablaba algo de inglés. Al final se llevó el gato al agua uno que tenía un precioso Xiali (taxi típico de Tianjin). Tapicería pringosa con fundas roídas, rejilla carcelaria de separación… Vamos, un lujazo. Así que allá que nos lanzamos por la autopista sorteando coches. Vaya cómo tiraba el Xiali. Que adelantábamos a todos. Por la derecha, por la izquierda, por el arcén… Bueno, y el conductor demostrando toda clase de habilidades, como cuando se puso sus gafas de sol tipo Bono de U2 y se quedó media hora mirando hacia atrás para que viéramos lo bien que le quedaban!!!!! Eso sí, tranquilos que las manos no las quitaba del volante…Qué manera de poner a prueba la patata, madre mía.

Bueno, pues tras este divertido y entretenido trayecto de una hora llegamos a Pingyao. Como es una ciudad amurallada y el centro está cortado al tráfico, nos dejó en una de las puertas. De ahí al hotel se iba rápido afortunadamente. Eso sí, había que sortear toda una serie de bicis y principalmente unos cochecitos de esos tipo campo de golf eléctricos que se utilizan en Pingyao para desplazarse.

El hotel en teoría era un cinco estrellas, pero alguna ya le quitaría yo, la verdad. Eso sí, uno de los más originales en los que haya estado nunca. ¿El motivo? Pues ni más ni menos que se encontraba en una casa de uno de los locales que se enriquecieron en esta ciudad. Y es que aquí es donde aparecieron los primeros bancos y prestamistas de toda China, lo cual no es moco de pavo. Y eso se nota y mucho por la abundancia de casas palaciegas y patrimonio de una ciudad bastante pequeña.

Os pongo algunas fotos del hotel.

Mi habitación:


(Los ‘Jerries’ esos de la puerta no son otra cosa que figurillas del año de la rata casi recién estrenado)

Más fotos del hotel:

Chulo, ¿verdad?

Si no fuera por la ingente cantidad de tiendas que asoman por las dos calles principales, cosa nada sorprendente en el país del comercio por excelencia, podríamos pensar que nos hemos trasladado en el tiempo.

El tema de las visitas lo tienen bastante bien organizado, ya que puedes comprar un ticket que te sirve para acceder a prácticamente todo lo visitable en la ciudad, que como os he dicho no es poco. Tanto que algunas cosas lo tienen bastante descuidado, pero eso es común en todo el país por lo que he podido comprobar en mis distintos viajes.

Una de las cosas que descubre uno viajando por un país tan enorme es la variedad que hay en cuanto a lo gastronómico se refiere. Y es que claro, un viaje no se puede considerar como tal si no disfrutamos de las exquisiteces locales. Así que haciendo caso a la información que había obtenido de la web de frommers (muy recomendable, la verdad) pues escogimos los sitios donde comer. Y no estuvo nada pero que nada mal. Aquí podéis ver uno de esos curiosos platos locales.

Una de las cosas que más nos sorprendió del lugar fue el sentimiento de bicho raro que tuvimos. Me explico. El sitio es medianamente turístico. Pero claro, más bien entre chinos que entre occidentales. Así que claro, se juntan allí unos cuantos grupillos de turistas chinos digo yo que de los alrededores que no han visto en la vida un occidental. ¿Os imagináis a hordas de chinos retratándonos con sus cámaras de fotos, de video, móviles y demás aparatejos? Ver para creer. Todavía no me había pasado tan a lo bestia en ningún sitio… En fin, que ahora entiendo mejor a los famosillos cuando dicen eso de que la popularidad les abruma…

Como os digo el turista chino es el que predomina en Pingyao , pero algunos intentan adaptarse también a los que vamos de tierras más lejanas. Un ejemplo son los de las tiendas y los que alquilan bici. Porque a pesar de los peligros de los carritos de golf Pingyao es una ciudad muy recomendable para los bicicleteros . Además las alquilan muy baratitas


El Domingo lo dedicamos a ver la Torre del Comercio de la ciudad y templos. Esta es la torre.

A mí el templo que más me llamó la atención fue uno taoísta. Y es que tenían toda una serie de muñequitos en algunas salas que parecía que estabas en las Fallas por el colorido que tenían y por el hecho de ser también de una especie de cartón-piedra. Eso sí, las escenas en cuestión eran un tanto fuertes. Y es que representaban el infierno chino. Ese infierno de 11 niveles (según me han dicho) del que cualquier chino tiene que intentar escapar. Y la verdad es que viendo lo que les hacían a los pobres muñequitos los monstruos de colorines, se le quitan a uno las ganas de portarse mal. Digno del más macabro de los museos de los horrores ahí había gente partida por la mitad,abierta en canal, descoyuntada, decapitados, con un serrucho atravesando su cuerpo, con ganchos…Uff, que muy macabro el tema. Pero tranquilos que eran muñequitos, ¿eh?


Y nada, como nuestro avión volvía de Taiyuan a media tarde había que volverse pronto. Eso sí, esta vez y para mi regocijo lo hicimos en transporte público del bueno. En autobús. Primero tuvimos que ir del hotel a la estación de bus en uno de esos carritos de golf. De lo más divertido, como podéis comprobar en este vídeo (poned los altavoces).

video

Después ya fue sencillo. Comprar los billetes en una taquilla donde no había cola ( menos mal) y a montarnos en un autobusillo típico. Es decir, gente fumando dentro, otros con unas bolsas enormes donde llevan vete a saber qué etcétera. Eso sí, les ponen las fund s de rigor para que no te pringues y a algunas partes no les quitan el plastiquillo para que no se estropeen.

Ya para empezar tuvimos el primer ‘espectáculo’. Y es que los buses van saliendo según se llenan. En principio te dicen que salen cada 15 minutos pero luego es cuando no hay más sitios libres. Pues el caso es que en el nuestro no había más asientos libres. Pero lo que sí había era sitio atrás, donde teníamos nuestro equipaje. Así que los del bus ni cortos ni perezosos, viendo que cuatro personas más querían subirse al vehículo, les hicieron meterse en la parte de atrás. Pero tranquilos, fue un instante. Porque a los dos minutos les hicieron bajarse para montarse en otro. Qué organizado, ¿verdad?. Pues no precisamente… Extrañamente un minuto después de bajarse pasamos por una especie de garita de donde salió un policía que echo un vistazo al bus como para ver que todo estaba en regla. Y cuál fue nuestra sorpresa que un minuto después de pasar la garita va y se suben otra vez los que se acababan de bajar. Ya veis qué fácil es burlar la vigilancia.

El viaje en sí fue bastante tranquilo ( no para los que iban atrás del todo sentados en el ‘suelo’ precisamente) hasta que llegamos a una especie de pueblo con cuatro casas. Ahí al conductor le dio por dejar la carretera medio decente por la que íbamos para adentrarse en un auténtico camino de cabras, un camino de tierra lleno de agujeros donde parecía que el autobús se había convertido en una especie de maraca gigante y nosotros estábamos dentro. Todavía me estoy preguntando el porqué. Sería una especie de atajo, porque a la media hora de sufrir semejante meneito salió de repente a una especie de ‘autopista’ con un firme bastante irregular pero donde al menos había asfalto.

Y claro, antes de entraren Taiyuan nuevamente el paripé para burlar la vigilancia. Nuestros compañero de viaje de la fila de atrás. Paradita en una especi de bar de donde salió un tío que coge una minifurgoneta donde, haciendo un poco de contorsionismo, va y se montan los cuatro de atrás. Será que se van a otro sitio- pensé yo. Pero cuál fue mi sorpresa que ni un kilómetro más adelante volvemos a parar en una garita de la policía. Nuevo chequeo (todo correcto, claro, no hay más viajeros que plazas) así que adelante. Y un kilómetro después, allí que se montan otra vez nuestros compañeros de viaje. Alucinante…

Afortunadamente llegamos a Taiyuan a una hora prudencial y a tiempo para coger un taxi hasta el aeropuerto. De Taiyuan vimos tan sólo el trayecto hasta la estación de bus pero la verdad es que me pareció más feo incluso que Tianjin, que ya es decir. Quiero pensar que en otra parte de la ciudad habrá algo…
En este último trayecto pudimos comprobar , como había leído, que el dialecto local es bastante diferente de otros que se hablan en China. Y es que la mitad del camino hasta el aeropuerto se lo pegó el conductor vociferando por el teléfono. Evidentemente no con un manos libres. Y oye, que parecía que con tres sonidos era capaz de comunicarse con su oyente, una cosa fascinante.

El resto del camino a casa fue tranquilo. Típica estampa de gente escupiendo al suelo y baños pestilentes en el aeropuerto de Taiyuan, etc, pero otra vez que nos esperaba nuestro avión de juguete con los dragoncillos para llevarnos de vuelta a ‘casa’. Hogar dulce hogar.

domingo 9 de marzo de 2008

La China Moderna

Como ya he comentado a mucha gente más de una vez, lo de la China milenaria hoy en día suena a cuento chino, valga la redundancia. Y es que poco, poquito es lo que a simple vista queda de esa China que tenemos todos en la mente, al menos por estas ciudades norteñas. Este finde he visto que todavía queda alguna que otra reminiscencia , pero eso será tema para el próximo capítulo. En el que ahora me ocupa os hablaré de la China moderna, esa que deslumbra al mundo con sus obras faraónicas que creo yo que sólo aquí se pueden llevar a cabo , al menos tantas a la vez. Para ello me remitiré al segundo fin de semana que he pasado por aquí. Esta vez tocaba Beijing ( Pekín para los que todavía no estáis puestos en el nombre chino- ‘capital del norte’). Para empezar con la modernidad, lo primero fue coger el tren de ‘alta velocidad’ que enlaza Tianjin con Beijing. Lo pongo entre comillas porque hasta dentro de unos meses lo único que tiene de alta velocidad es el aspecto. El de ahora es el modelo CRH2. Impresionante de aspecto, no así de velocidad. Y es que la velocidad punta que alcanza es de… 165 km/h. Como que poca cosa, ¿verdad? Pero en fin, para las medias que arrojan los trenes por aquí, que en algunos casos e incomprensiblemente rozan los 50 kilómetros por hora, no está tan mal. Eso sí, comodísimo y estéticamente impresionante.


Será cuestión de tiempo, meses, el que la alta velocidad llegue realmente. Se empezará con la finalización de la nueva estación de tren. Obra faraónica que asemeja a un aeropuerto. Eso será para el mes de Julio según los cálculos más optimistas. En ese momento empezará realmente la alta velocidad por el nuevo tendido donde los trenes serán capaces de alcanzar la friolera de 350 km/h, pasando de la 1h15 actual a un tiempo de recorrido de media hora y, ojo al dato, una frecuencia prevista de alrededor de 10 minutos entre cada tren. A mí me parece una barbaridad, porque sería prácticamente un metro. Pero también es verdad que se trata de la capital del país del centro y una pujante ciudad industrial como es Tianjin, separadas por unos 130 kilómetros con unas poblaciones de unos 12 y 10 millones de habitantes aproximadamente.

Bueno, pues pese a las incomodidades de la estación provisional de Tianjin , que es una cutrez en toda regla pero al menos con accesos asfaltados, no como la última vez que la utilicé, el viaje hasta Beijing de lo más placentero. Viajar en primera supone un euro de diferencia ( 51 RMB frente a los 41 de segunda) pero la comodidad de saber que tienes plaza sentado seguro y un poco más de espacio bien vale ese euro. Hombre, pierde la gracia de los atestados vagones de gente en segunda donde siempre hay más ambientillo pero de vez en cuando la comodidad viene bien.

Una vez llegamos a Beijing el Sábado por la mañana y tras hacer el check-in en el hotel nos dispusimos a visitar las obras olímpicas más destacadas: El Estadio Olímpico y el Water Cube. La verdad es que fue un poco decepcionante, porque no se podía acceder hasta ellos. Las obras de urbanización todavía están bastante verdes, así que está todo vallado. Hay algunas zonas de acceso pero destinadas tan solo a personal de las obras. Eso sí, los vigilantes que te dejan o no pasar son unos críos a los que el traje les queda unas diez tallas más grandes que la suya… Alucinante.

De todos modos y aunque no se pueda acceder hasta pie de obra, sí que se pueden ver desde una cierta distancia. El Water Cube se ve bastante guarrillo debido al polvo que hay en la zona. Me imagino que iluminado por la noche ganará mucho, pero de día lo cierto es que no es para tanto.

El que sí que impresiona incluso de lejos es el Estadio Olímpico. Todo un amasijo de hierros con un aspecto imponente. La gente se agolpaba en los puntos desde donde se podía ver mejor, aprovechando hasta el último milímetro de montículo. La verdad es que no se me muy bien, porque el día estaba bastante nublado, pero esto es más o menos el citado 'bicho'

Para compensar un poco tanta modernidad la tarde la dedicamos a visitar un Hutong en las cercanías del Gulou, la torre del tambor.

La mañana del Domingo la dedicamos a descubir dos rincones que desconocíamos de Beijing. El primero era una calle comercial y, toda una rareza allí, peatonal en su mayor parte. Ríanse señores del Corte Inglés. Pedazo centro comercial el que han abierto allí. Uno que es un pueblerino y que todavía recuerda que las únicas escaleras mecánicas que hubo en Pamplona hasta no hace mucho tiempo eran las de Unzu no podía menos que extasiarse ante la visión de unas que subían la friolera de dos y hasta tres pisos como levitando en el espacio. Creo que ese centro comercial lo habrán abierto hace muy poco, porque todo estaba demasiado nuevo.

Por la tarde tocó visitar el centro financiero de Beijing, donde se levantan dos de los edificios más impresionantes de la ciudad y me atrevería a decir del mundo: El nuevo World Trade Center, un edificio que alcanzará los 333 m (así para que os hagáis una idea la Torre Eiffel alcanza los 320 , la Torre Bali en Benidorm 210 y la Torre Picasso en Madrid 157 m).

Pero para mí el más impresionante sería la nueva sede la televisión china, la CCTV. Dos colosos inclinados que se unen por la parte superior. Su visión te deja enmudecido al ver lo que la técnica es capaz de hacer.

En fin, que después de tanta modernidad tocó volver a la no tan moderna Tianjin. Con un poco de bajón. Y es que claro, después de rozar el cielo bajarse a los infiernos es un poco durillo. Pues nada, en mi próximo capítulo os hablaré de todo lo contrario, la China milenaria que he podido descubir este último fin de semana. Alucinante.

jueves 6 de marzo de 2008

Primer finde por estos lares

Bueno, el tiempo pasa rápido, la verdad. Ya llevo aquí dos semanas y casi he terminado la tercera. Se me acumula el trabajo y el retraso, pero intentaré recuperar un poco el ritmo relatando mi primer fin de semana en tierras chinas.

Pues este me dediqué al ‘turismo local’. Sí, como todavía me duraba el famoso ‘jet lag’ pues fui a lo fácil. Nada de check-out el finde para ir a Beijing y a cambio turismo por la bella Tianjin. Ejem, igual me he excedido con lo de bella… Bueno, es cuestión de ver las cosas con buenos ojos, ya se sabe. Pues el primer sábado los pasamos en la zona del Teda (Tianjin Economic and Development Area). Es la zona del puerto, a unos 40 kms del centro de la ciudad. Prometía el sitio pero… al final me defraudó bastante. Y es que me esperaba un sitio lleno de rascacielos y tal pero bueno, sin más.Primero fuimos a lo que llaman el mercado de los Bienes Extranjeros. Que lo de bien creo yo que va por lo de bien falsificado. Especialmente los bolsos. Impresionante despliegue de Pradas, Gucci, Louis Vuitton etc en una especie de barracones llenos hasta la bandera de gente y puestecillos donde se vendía además todo tipo de artículos de consumo.

De ahí (Tanggu) ya fuimos a la zona del Teda en sí. Lo más destacable ahí, pues un frío de impresión , aunque a algún autóctono no se lo pareciera. Os explico el porqué. Resulta que queríamos volver a Tianjin en una especie de metro que hay conectando las dos partes de la ciudad. Y ahí estábamos intentando aclararnos en el cutre-mapa que teníamos para saber dónde estaba la bendita parada más próxima cuando se nos acercó una autóctona con su hijito. ‘Can I help you?’. Nosotros emocionados al ver a alguien que hablaba inglés. Pero vamos, pronto se nos quitó la emoción. La tía se pegó un cuarto de hora dándole vueltas al mapa para ver qué estación quedaba más cerca. Que si esta, que si no, que mejor la otra, que igual sí que era mejor la primera… Y todo esto acompañado de una serie infinita de sonidos guturales dignos de cualquier criatura que viva en la profundid de los abismos, sonidos típicos por otra parte de los chinos cuando están algo confusos.Yo ya pensaba que se me caían las orejas de cuajo del frío que hacía. Y claro, conteniéndome la risa al ver la inutilidad de la tipa. Pero claro, por no hacerle un feo ahí que aguantamos estoicamente el frío viento que nos daba de lleno. Total, que después de un buen rato allí nos dimos cuenta de que a escasos metros teníamos un hotel de lujo donde , como nos imaginábamos, nos dieron respuesta bastante más rápido… Santa paciencia la que hay que tener en este país…

El Domingo fuimos a ver una mansión en ls afueras de Tianjin. La mansión de los Shi. Un sitio muy recomendable, la verdad. Había visto que la recomendaban en alguna de las cientos de guías que he consultado sobre este país. Y no me defraudó. Para empezar tuvimos la odisea de llegar. Se podía ir en taxi, pero a mí me apetecía más ir en bus, que es mucho más divertido. Nos habían escrito en un papelito dónde era la estación de bus, qué línea era y dónde había que bajarse. Ya se sabe que aquí sin un escribano estás perdido. Pues nada, llegamos a la estación y a la aventurilla. Preguntamos a un tío con brazalete:’ Sí, sí, eso está aquí a la derecha’- intuimos que nos dijo ( lo de la derecha fijo, que eso entendemos). Pues nada, a la derecha. Llegamos a una especie de estación llena de gente. Allí nos acercamos a lo que parecía ser un puesto de información, eneseñamos nuestro bonito manuscrito y…. vaya, resulta que allí no era. Pero claro, te dicen no, no y punto. Adivina tú dónde es. Entonces es cuando entra en juego el plan B: Busca a algún jovencillo/a que parezca que pueda hablar inglés. Tuvimos suerte, ya que a la primera encontramos a una chica que hablaba ‘a little’ inglés. Por lo que se ve esta chica conocía a otro chico que estaba en otra parte de la estación y que nos hizo de sherpa. Y es que ella estaba cargando el móvil ( aquí hay máquinas para ello) y no podía acompañarnos. Pero nuestro gentil sherpa sí que lo hizo. Vaya si lo hizo. No hablaba ni palabra de inglés, pero el tema era seguir su estela. Nosotros pensábamos que era al lado, pero resultó que no, que era superlejos. Y el tío nos acompañó hasta la mismísimas parada. Flipante. Todavía me pregunto el tipo de relación que habría entre este y la chica de la estación…

El caso es que una vez localizada la parada tocaba esperar. Por suerte el bus no tardó mucho. Pero eso sí, llegó lleno hasta la bandera. Tras pagar los dos yuanes de rigor ( madre mía, no había manera de entender que sólo aceptaban el importe exacto) nos tuvimos que montar por la puerta del medio como buenamente pudimos. Difícil hacerse sitio entre tanta humanidad y tanta mercancía. Y es que lo de la vocación caracoliana de esta gente es increíble. ¿Por qué? Pues porque vayan donde vayan hay algunos que parecen llevarse la casa a cuestas. Hombre, yo había visto a gente con sacos enormes en el tren y autobuses de largo recorrido. Que siempre me pregunto qué llevarán dentro, porque yo no me explico dónde van con semejantes petates. ¿Patatas? ¿A su peor enemigo descuartizado? ¿El dormitorio que se acaban de comprar en el IKEA desmontado? Yo me decanto casi por esto último visto el considerable tamaño de los citados petates. El caso es que hay que imaginarse la villavesa con el campamento montado en medio, que es por donde había que salir y entrar visto que el resto del bus estaba hasta la bandera. Así que nada, nos tocó jugarnos el tipo justo en la entrada central, al lado de la puerta asesina que se abría y cerraba despiadadamente. Otra de las cosas que pudimos ver en el viajecito en bus era lo curioso del sistema: ‘Para Solicitada’. No, no había ningún botoncito para ello. Mucho más fácil y práctico. El conductor iba micrófono en mano cantando las paradas . Y así, cuando alguien se quería bajar , no tenía más que pegar un gritito entre la multitud para que el bus parara. Claro, luego estaba la odisea de bajarse. Había que atravesar la montaña de bultos con los muebles del IKEA y pasar por encima de la gente que se agolpaba en la puerta. Bueno, de todos menos de Sonia y de mí, que teníamos las luces de bajarnos para dejar que la gente bajara del bus. Pero ellos nada, ahí inmóviles sin inmutarse como temiendo perder la posición. Desesperante… Lo cierto que pese a ir enlatados, temer por mi integridad frente a tanta humanidad y la puerta asesina y el olor ‘humano’ de algún que otro pasajero me reí un rato en ese trayecto de unos 40 minutos… Me río yo de la línea 4 ó de la 7 de la villavesa…No sabéis lo que es ir realmene enlatado...

Al final llegamos a nuestra parada. Ahí estaba todo el montaje de falsos edificios de la época Ming que han montado al lado de la mansión.

Entre el frío que hacía, el cielo cubierto y la poca gente que había el aspecto era bastante desolador. Edificios enormes vacíos, sin ningún tipo de utilidad. Pero después llegamos a la mansión. Y esto sí que merecía la pena. Yo había leído en alguna de mis guías que era uno de los ‘must’ de Tianjin y doy fe de que así es. Pedazo mansión la de los Shi. Estancias y más estancias rodeando pequeños patios chinos, una escuela para los niños de la familia, un pedazo jardín interior y , para mí lo más impresionante’ un teatrillo que tenían ahí dentro. Aquí os podéis hacer una idea del mismo:

Lo dicho, un sitio muy chulo y recomendable. La vuelta ya fue bastante más tranquila, ya que la villavesa iba bastante más vacía. Eso sí, éramos el foco de atención, porque por cómo nos miraban parecía como si el pasaje no hubiera visto un occidental en su vida. Tal vez les sorprendiera vernos en un bus en lugar de un taxi. En fin, que este día no hizo más que reforzar mi teoría de que si quieres reirte un rato y ver a los locales en su salsa, mejor olvidarse de taxis y aviones y apuntarte a los buses y trenes.

Pues nada, así pasó mi primer fin de semana por tierras chinas. El siguiente ya salí de aquí, en concreto a Beijing. Pero eso os lo contaré en otro capítulo que espero escribir en breve para no estar demasiado desfasado…

lunes 25 de febrero de 2008

El hotel

Pues esta vez nos lo han cambiado. Ahora es el King Hall. El hotel en sí no está nada mal, la verdad es que no sabría con cuál de los tres en los que he estado quedarme… Quizás con el Teda por esa estupenda piscina bajo la cúpula de cristal. Aunque total como ahora no puedo ( más bien no me atrevo) meterme en aguas tianjinesas por mi problema ‘pectoral’ pues tampoco lo echo en falta.

Lo primero al llegar a este hotel fue ver que ha sido seleccionado para acoger a participantes en los Juegos Olímpicos. Y es que el Estadio de fútbol está al lado, y Tianjin va a ser subsede olímpica. Pues el caso es que… pobres a los que les toque en este. Bueno, no es para tanto. En realidad el que no entiendan nada de lo que les dices creo que es común a bastantes hoteles de por aquí. Pero vaya, es que uno no acaba de acostumbrarse porque es desesperante.

Para empezar, lo más llamativo de la llegada fue que tras entrar en la habitación sentí la sensación que se debe sentir cuando estás a pocos kilómetros del sol. Y es que en este hotel son unos bestias, porque la habitación era una auténtica sauna. La friolera de 31 grados marcaba el termostato. Para que luego digan que en mi casa hace mucho calor. Esta foto del termostato da fe de ello.

El problema es que le bajas la temperatura pero no sirve para nada. Y claro, entonces es cuando llamas a los del housekeeping para decirles. Te viene un señor que de inglés cero patatero y se le ocurre una genial idea para que no pases tanto calor: ¡¡ Abrir la ventana!! Desde luego, mira que son listos estos del hotel, ¿eh?.Hombre, que eso ya lo se hacer yo, pero necesito que me arreglen el cacharro.

Bueno, una vez que te has acostumbrado al microclima tropical de tu habitación y que has pensado en aprovechar para plantar bananeros y orquídeas en la misma intentas descubrir el resto.

Un armario donde las perchas caben de medio lado, unas luces que se encienden y apagan misteriosamente sin que hagas tú nada, unas paredes a través de las cuales oyes a tus vecinos como si estuvieran en tu misma habitación, las pintadas que se dejan de la obra ( lo reestructuraron hace un año), etc.P Mirad , aquí por ejemplo pone según me han dicho Espejo. Que no se, o se equivocaron o se les ha olvidado ponerlo. Pero vamos, de lo que sí que se han olvidado es de borrarlo.

Pero bueno, para mí lo peor ha sido lo del agua caliente. Y es que bueno, el primer día todavía salía algo caliente, pero a partir de ahí la temperatura ha ido descendiendo gradualmente. Y claro, para uno al que le gusta curtirse la piel cual cuero de zapato con el agua caliente de la ducha pues como que mal… Tras intentar veinte veces explicarles qué pasa con el agua caliente, enviar a alguien que no se muy bien qué hace y demás, al final he conseguido no sin esfuerzo que me bajen tres pisos. Ala, a cargar con las maletas . Pero ahora estoy feliz como una lombriz y he descubierto que el paraíso existe y está en la ducha de la habitación 1506 del hotel. ¡¡¡ Qué temperatura del agua!!! El ambiente sigue siendo tropical, pero al menos abriendo la ventana un rato cada día he conseguido que las gélidas temperaturas exteriores hagan que en lugar de ir sin nada por la habitación tenga que ponerme un tanga para no pasar frío. Lo siento, ya se que queréis una foto de esto pero no hay… De lo que sí tengo es de las vistas desde la habitación. Que claro, normalmente aquí hay una contaminación bestial así que no se ve gran cosa, pero por suerte ha nevado ya dos días, y al día siguiente ha salido radiante.

En plan barrio Sésamo sería:

1- Día ‘normal’

2- Día tras nevada que se lleva toda la mierda al suelo.

Por lo demás, ayer descubrí el gimnasio. Que como todos los días salimos bastante tarde de la planta, pues al final no le quedan a uno ni ganas. Pero en fin, ahí que fui a sudar la gota gorda. Curioso el tío que había allí. Uno que parecía un camarero y sentado viendo dibujos animados… pero en fin, yo iba a lo que iba, así que tampoco me hacía mucha falta.

Y claro, pensaréis que para qué voy al gimnasio con este cuerpo escultural que tengo. Pues es que al final cuando vengo aquí como más de la cuenta , así que hay que cuidarse un poquito. Y mira que en el desayuno no hay gran cosa en lo que al dulce se refiere. Pero claro, como estoy todo el día taxi para aquí taxi para allá, pues como que mal asunto. De todos modos estoy supercontento con el desayuno porque he conseguido… ¡¡¡ que me den un Cola Cao cada mañana!!! Además se pronuncia casi igual y en realidad aquí es muy conocido, pero en los hoteles yo todavía no había visto. Así que bueno, yo con eso ya soy feliz independientemente de lo que haya para comer.

Podría contar mil aventurillas más del hotel, que es que esta gente da mucho juego. Pero me extendería demasiado y esto tiene que ir en pequeñas dosis para que no os atragantéis. Así que de momento esto es todo. Tranquilos que cualquier ‘incidente’ digno de mencionar será reflejado aquí.

miércoles 20 de febrero de 2008

El viaje

Bueno, pues ya estoy en tierras chinas. Sexto viaje y la verdad es que uno a estas cosas no se acaba de acostumbrar nunca. Por una sencilla razón: Es un palizón. Por cierto, escribo esto primero en un Word porque desde aquí desde el hotel la página de los blogs de gmail donde está alojado esto que leéis ahora mismo está censurada. Sí, sí, no conecta. Así que espero que desde la planta sí que funcione, porque si no mal asunto.

En fin, que decía yo que el viaje tan agónico como siempre. Y es que al final son un montón de horas. Ni más ni menos que 24 desde que salgo de mi casita hasta que entro por la puerta del hotel. Esta vez conseguí dormir un par de horas en todo el trayecto París-Beijing. Poca cosa, pero bueno. Y mira que lo intenté por activa y por pasiva, que hasta me puse el antifaz este que te dan. Pero lo más que conseguí con él fue dejarme los ojos escachados de lo que me apretaba el bendito antifaz.

Que luego es que veía borroso y todo. Pero en fin, por suerte hay pequeños detalles en el avión que hacen que el trayecto sea un poco más llevadero. Uno de ellos es la comida. Que yo como bien sabéis soy de buen comer y no acabo de entender muy bien esas críticas a la comida de los aviones. Que hombre, no es lo mejor del mundo pero se puede comer. De ello da fe esta foto:

Como os digo intenté por activa y por pasiva conciliar el sueño. Para empezar el día anterior dormí 4 horas. Y después aderecé mi viaje con los sucesivas ofrendas a Baco y amigos que nos ofrecían. Que si Champagne de aperitivo, luego vino en la comida a la hora del café, pues…. Cognac!!! Mira que no me gusta, pero es que me ofrecían té, café y cognac y entre que uno es un buitre y que las otras dos alternativas eran café y té, pensé que era la mejor opción para conseguir dormir. Pero no, no fue suficiente por lo que se ve . Otro de los factores que hicieron que el viaje fuera un poco agónico fue que las pantallitas de video no funcionaran bien. De lo poco que iba era el canal este que te dice por dónde vas. Y oye, que no deja de ser curioso ver que acabas de pasar por encima de la mismísima Ulan Bator y que te acercas ya a tu destino

Una vez en el aeropuerto tuvimos un pequeño problema con el taxista. Necesitábamos una furgo para seis personas. Pero claro, seis personas con sus respectivos equipajes. Pues nadad, había que ver al chino intentando meter en un minimaletero las más de seis maletas. Pues nada, no lo consiguió pero de veras que lo intentó. Ese tío al tetris tiene que ser un máquina. Al final tuvo que venir otro taxi al rescate. Y el viaje en taxi la verdad es que muy bien. Tanto que conseguí dormir hasta que dimos un frenazo que evitó que nos empotráramos en un camión. Claro, si es que es lo que tiene el conducir por una carretera de tres carriles adelantar por la derecha e ir cambiando de carril cada 50 metros. Pero bueno, lo importante es que llegamos sanos y salvos al destino. Como llegamos tan tarde y tan cansados pues ya no daba tiempo de ir a la planta (afortunadamente, porque uno llega demacrado y hombre, tiene una imagen y reputación que mantener que tampoco se puede tirar por los suelos tan alegremente.

Así que nada, duchita, a deshacer las maletas y a cenar algo antes de retirarnos a dormir. Eso sí, descubriendo antes los lujos y miserias de este mi hotel. Pero eso ya lo contaré otro día, que tampoco quiero que os aburráis demasiado….

sábado 16 de febrero de 2008

Viaje a China Febrero-Marzo 2008


Vaya, pues sí que he tardado en empezar con el primer blog. Y eso que ya podría haber escrito sobre mi viaje de Nochevieja.... Pero en fin, más vale tarde que nunca.
Dentro de dos días emprendo mi sexto viaje al país del centro (es decir, a China). Todos ellos por motivos laborales pero por suerte he podido sacar tiempo para ese pequeño entretenimiento que tiene un servidor, que no es otro que viajar. De momento conozco Tianjin ( mi lugar de trabajo), Beijing, Chengde, Shanghai y Xian. Muy poquito para lo que es un país tan grande, pero es que mis fines de semana por allí no dan para más :( . Esta vez será distinto, ya que como permaneceré allí hasta justo antes de Semana Santa, voy a aporvechar para viajar hacia el sur del país: Guilin, Hong Kong y Macao.
Mi intención es ir ilustrando este blog con las fotos y relatos de mis aventuras y desventuras por tierras asiáticas. Esperemos que toda la buena voluntad que tengo ahora tenga continuidad. De momento empezaré con alguna foto de Tianjin, que va a ser mi primer destino y donde más tiempo voy a pasar.