Primer finde por estos lares
Bueno, el tiempo pasa rápido, la verdad. Ya llevo aquí dos semanas y casi he terminado la tercera. Se me acumula el trabajo y el retraso, pero intentaré recuperar un poco el ritmo relatando mi primer fin de semana en tierras chinas.
Pues este me dediqué al ‘turismo local’. Sí, como todavía me duraba el famoso ‘jet lag’ pues fui a lo fácil. Nada de check-out el finde para ir a Beijing y a cambio turismo por la bella Tianjin. Ejem, igual me he excedido con lo de bella… Bueno, es cuestión de ver las cosas con buenos ojos, ya se sabe. Pues el primer sábado los pasamos en la zona del Teda (Tianjin Economic and Development Area). Es la zona del puerto, a unos 40 kms del centro de la ciudad. Prometía el sitio pero… al final me defraudó bastante. Y es que me esperaba un sitio lleno de rascacielos y tal pero bueno, sin más.Primero fuimos a lo que llaman el mercado de los Bienes Extranjeros. Que lo de bien creo yo que va por lo de bien falsificado. Especialmente los bolsos. Impresionante despliegue de Pradas, Gucci, Louis Vuitton etc en una especie de barracones llenos hasta la bandera de gente y puestecillos donde se vendía además todo tipo de artículos de consumo.
De ahí (Tanggu) ya fuimos a la zona del Teda en sí. Lo más destacable ahí, pues un frío de impresión , aunque a algún autóctono no se lo pareciera. Os explico el porqué. Resulta que queríamos volver a Tianjin en una especie de metro que hay conectando las dos partes de la ciudad. Y ahí estábamos intentando aclararnos en el cutre-mapa que teníamos para saber dónde estaba la bendita parada más próxima cuando se nos acercó una autóctona con su hijito. ‘Can I help you?’. Nosotros emocionados al ver a alguien que hablaba inglés. Pero vamos, pronto se nos quitó la emoción. La tía se pegó un cuarto de hora dándole vueltas al mapa para ver qué estación quedaba más cerca. Que si esta, que si no, que mejor la otra, que igual sí que era mejor la primera… Y todo esto acompañado de una serie infinita de sonidos guturales dignos de cualquier criatura que viva en la profundid de los abismos, sonidos típicos por otra parte de los chinos cuando están algo confusos.Yo ya pensaba que se me caían las orejas de cuajo del frío que hacía. Y claro, conteniéndome la risa al ver la inutilidad de la tipa. Pero claro, por no hacerle un feo ahí que aguantamos estoicamente el frío viento que nos daba de lleno. Total, que después de un buen rato allí nos dimos cuenta de que a escasos metros teníamos un hotel de lujo donde , como nos imaginábamos, nos dieron respuesta bastante más rápido… Santa paciencia la que hay que tener en este país…
El Domingo fuimos a ver una mansión en ls afueras de Tianjin. La mansión de los Shi. Un sitio muy recomendable, la verdad. Había visto que la recomendaban en alguna de las cientos de guías que he consultado sobre este país. Y no me defraudó. Para empezar tuvimos la odisea de llegar. Se podía ir en taxi, pero a mí me apetecía más ir en bus, que es mucho más divertido. Nos habían escrito en un papelito dónde era la estación de bus, qué línea era y dónde había que bajarse. Ya se sabe que aquí sin un escribano estás perdido. Pues nada, llegamos a la estación y a la aventurilla. Preguntamos a un tío con brazalete:’ Sí, sí, eso está aquí a la derecha’- intuimos que nos dijo ( lo de la derecha fijo, que eso entendemos). Pues nada, a la derecha. Llegamos a una especie de estación llena de gente. Allí nos acercamos a lo que parecía ser un puesto de información, eneseñamos nuestro bonito manuscrito y…. vaya, resulta que allí no era. Pero claro, te dicen no, no y punto. Adivina tú dónde es. Entonces es cuando entra en juego el plan B: Busca a algún jovencillo/a que parezca que pueda hablar inglés. Tuvimos suerte, ya que a la primera encontramos a una chica que hablaba ‘a little’ inglés. Por lo que se ve esta chica conocía a otro chico que estaba en otra parte de la estación y que nos hizo de sherpa. Y es que ella estaba cargando el móvil ( aquí hay máquinas para ello) y no podía acompañarnos. Pero nuestro gentil sherpa sí que lo hizo. Vaya si lo hizo. No hablaba ni palabra de inglés, pero el tema era seguir su estela. Nosotros pensábamos que era al lado, pero resultó que no, que era superlejos. Y el tío nos acompañó hasta la mismísimas parada. Flipante. Todavía me pregunto el tipo de relación que habría entre este y la chica de la estación…
El caso es que una vez localizada la parada tocaba esperar. Por suerte el bus no tardó mucho. Pero eso sí, llegó lleno hasta la bandera. Tras pagar los dos yuanes de rigor ( madre mía, no había manera de entender que sólo aceptaban el importe exacto) nos tuvimos que montar por la puerta del medio como buenamente pudimos. Difícil hacerse sitio entre tanta humanidad y tanta mercancía. Y es que lo de la vocación caracoliana de esta gente es increíble. ¿Por qué? Pues porque vayan donde vayan hay algunos que parecen llevarse la casa a cuestas. Hombre, yo había visto a gente con sacos enormes en el tren y autobuses de largo recorrido. Que siempre me pregunto qué llevarán dentro, porque yo no me explico dónde van con semejantes petates. ¿Patatas? ¿A su peor enemigo descuartizado? ¿El dormitorio que se acaban de comprar en el IKEA desmontado? Yo me decanto casi por esto último visto el considerable tamaño de los citados petates. El caso es que hay que imaginarse la villavesa con el campamento montado en medio, que es por donde había que salir y entrar visto que el resto del bus estaba hasta la bandera. Así que nada, nos tocó jugarnos el tipo justo en la entrada central, al lado de la puerta asesina que se abría y cerraba despiadadamente. Otra de las cosas que pudimos ver en el viajecito en bus era lo curioso del sistema: ‘Para Solicitada’. No, no había ningún botoncito para ello. Mucho más fácil y práctico. El conductor iba micrófono en mano cantando las paradas . Y así, cuando alguien se quería bajar , no tenía más que pegar un gritito entre la multitud para que el bus parara. Claro, luego estaba la odisea de bajarse. Había que atravesar la montaña de bultos con los muebles del IKEA y pasar por encima de la gente que se agolpaba en la puerta. Bueno, de todos menos de Sonia y de mí, que teníamos las luces de bajarnos para dejar que la gente bajara del bus. Pero ellos nada, ahí inmóviles sin inmutarse como temiendo perder la posición. Desesperante… Lo cierto que pese a ir enlatados, temer por mi integridad frente a tanta humanidad y la puerta asesina y el olor ‘humano’ de algún que otro pasajero me reí un rato en ese trayecto de unos 40 minutos… Me río yo de la línea 4 ó de la 7 de la villavesa…No sabéis lo que es ir realmene enlatado...
Al final llegamos a nuestra parada. Ahí estaba todo el montaje de falsos edificios de la época Ming que han montado al lado de la mansión.
Entre el frío que hacía, el cielo cubierto y la poca gente que había el aspecto era bastante desolador. Edificios enormes vacíos, sin ningún tipo de utilidad. Pero después llegamos a la mansión. Y esto sí que merecía la pena. Yo había leído en alguna de mis guías que era uno de los ‘must’ de Tianjin y doy fe de que así es. Pedazo mansión la de los Shi. Estancias y más estancias rodeando pequeños patios chinos, una escuela para los niños de la familia, un pedazo jardín interior y , para mí lo más impresionante’ un teatrillo que tenían ahí dentro. Aquí os podéis hacer una idea del mismo:
Lo dicho, un sitio muy chulo y recomendable. La vuelta ya fue bastante más tranquila, ya que la villavesa iba bastante más vacía. Eso sí, éramos el foco de atención, porque por cómo nos miraban parecía como si el pasaje no hubiera visto un occidental en su vida. Tal vez les sorprendiera vernos en un bus en lugar de un taxi. En fin, que este día no hizo más que reforzar mi teoría de que si quieres reirte un rato y ver a los locales en su salsa, mejor olvidarse de taxis y aviones y apuntarte a los buses y trenes.
Pues nada, así pasó mi primer fin de semana por tierras chinas. El siguiente ya salí de aquí, en concreto a Beijing. Pero eso os lo contaré en otro capítulo que espero escribir en breve para no estar demasiado desfasado…


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